Ya es fin de semana y siento que los días pasados han sido una eternidad, al menos ya restan diez días para que pueda dejar estas muletas. Chichi ha venido a visitarme, nunca he comprendido como administra su tiempo, siempre puede para todo, nunca dice que no a lo que le pidas y la que no también. Tiene mucho optimismo y energía, a veces quisiera que Chichi me hiciera una transfusión de sus ideas, de su vida, de sus neuronas… si es que estos días no he hecho más que estar tirada en la cama viendo la tele. No he tenido buen ánimo para hacer otra cosa. Chichi me dijo que vendría por mi y me llevará a tomar sol, no quiere que al terminar mi reposo, quede contagiada de estos días de pereza. Me invitaó a ser mujer voluntaria en ese lugar donde lleva muchos años trabajando. Chichi ha sido la primera persona con quien me tropecé cuando llegué a esta ciudad.
Todavía lo recuerdo, ese primer día… no había dormido bien la noche anterior, la verdad es que llevaba muchas noches de insomnio, faltaban solo 11 días para anunciar la fecha de mi boda, algunos preparativos ya estaban listos y Andrés decidió que no, había conocido a Lucrecia, la mujer que decía amar. Entonces, me cambió una boda soñada por muchos días de llantos.
Después de llorar por más de dos meses su decisión, al fin tomé una determinación, no quise cargar con muchos recuerdos, así que en una mochila metí mi cepillo de dientes, mis documentos de identidad y mis tarjetas de créditos, lavé mi cara en cada lágrima derramada, maquillé mis mejillas con los restos del rimel que quedaba en mis pestañas y me largué a un viaje sin destino. Mis ojos no podían ocultar el trasnocho, mi cabello lucía despeinado, era evidente que necesitaba dormir. La gente me miraba y yo fingía que no me daba cuenta. Durante horas me senté en un banco del anden, ya no me quedaban lágrimas, me había obligado a escuchar una y otra vez las últimas palabras de quien fuera mi prometido – Lo siento, sé que conseguirás a alguien que te merezca más que yo -, ya me había hecho todas las preguntas y ya me había dado todas las posibles respuestas. No quedaba nada, solo apostar a la buena suerte. Tuve ganas de regresar, por un momento pensé que tal vez no había hecho lo suficiente por mi relación, estuve dispuesta a suplicar. Tomé mi bolso y lo acomodé en mi hombro, me levanté del banco y caminé hasta la salida. Con tanta prisa no alcancé a detener la puerta que venía hacía mi y de un golpe caí al piso.
- ¡Disculpe señorita! ¿Se encuentra bien? ¿Le puedo ayudar? – Era un señor de unos 50 años quizás, iba de traje y su apariencia era muy elegante, me tendió su mano para ayudarme a levantar – ¿Está usted bien? – Eran muchas preguntas en tan corto tiempo. Me levanté del suelo y le di las gracias.
- Ya estoy bien, no se preocupe ha sido culpa mía.
- ¡Tenga! – Aquel señor tan elegante me estaba ofreciendo dinero, pensó que era una chica de la calle. Más que ofendida, lo que sentí fue vergüenza, hasta ese momento no había sido consciente de mis fachas. Llevaba días sin preocuparme de mi aspecto personal, cada mancha de mi blusa ilustraba perfectamente cada noche de llanto e insomnio, unas eran más grandes que otras y al final, entre mocos y lágrimas dejaban en evidencia ese aspecto andrajoso que conmovió al caballero que seguía con su mano extendida hacia mi. No tuve palabras para él, miré alrededor y esta vez si que no pude fingir, todos me miraban.
- Le dije que estoy bien, que no se preocupe -, recogí mi mochila que había caído unos pasos lejos de mí y de inmediato me dirigí hasta los sanitarios. Al mirarme en el espejo, entendí la actitud de aquel buen hombre. Abrí la llave y hundí mi rostro entre mis manos para lavarlo, humedecí mi cabello y tejí una trenza. Quité mi blusa y me quedé en franelilla, igual me sentía una mendiga pero, había logrado mejorar un poco mi aspecto. No tenía claro a donde quería ir, lo que si sabía, era que no quería regresar. Fui hasta las taquillas y compré mi boleto.
- No señorita, no quedan boletos para ese destino, solo quedan para donde le termino de mencionar ¿Le sirve?
- Si, me sirve.
Chichi abordó el tren unas horas más tarde. Yo nunca supe cuando fue que entró al vagón, escogí un viaje terrestre, necesitaba ganar tiempo para dormir y luego pensar que era lo que haría al llegar. Al abrir los ojos, lo primero que vi fue a Chichi, me sonrió. Lo menos que quería en ese momento era coquetear, no tenía el ánimo ni era el mejor momento. Siendo nada discreta, busqué entre mis bolsillos ese último recuerdo del que aún no he querido deshacerme, saqué un anillo de compromiso, el que unos meses antes Andrés me había regalado para dar demostración de su amor por mi. Mientras iba colocando el anillo en mi dedo, miré a Chichi para advertirle en un gesto que no me interesaba flirtear con él. Chichi ni siquiera miró mis manos.
- ¿Ha tenido malas noticias? – Si que las había tenido, pero no era a eso que se refería con su pregunta, me explicó luego – se nota que ha tenido mala noche ¿Ha tenido que viajar por alguna emergencia? - Chichi es una persona muy social y quieras o no, siempre consigue que te relajes, le he dicho muchas veces que debería trabajar en un circo, tiene la facilidad de hacerte reír.
- No, la verdad es que no conozco a nadie a donde voy.
- Pues, si necesitas algo, puedes pedirme ayuda, es lo que mejor sé hacer – Chichi tampoco es de esta ciudad, pero lleva muchos años aquí. Tiene su historia que nunca me ha contado, solo sé que hace 8 años se vino buscando otro estilo de vida y desde hace 5 trabaja como voluntario en un centro donde tratan a chicos con problemas de adicción, allí vive. De resto, cuando no está ahí, se pasa los días regalando sonrisas a la gente. Hablamos de muchas cosas durante el viaje y luego nos faltó tiempo para contarnos más.
- Bueno, ya hemos llegado, el viaje se ha hecho más corto, ha sido un placer viajar a tu lado, mi nombre es Aschinne, pero de niño me llaman Chichi, si gustas puedes hacerlo tu también, y…. ¿A donde irás esta noche?
- No lo sé, es la primera vez que estoy acá… ya buscaré un hotel donde quedarme – Chichi se ofreció a buscarme uno y hasta me acompañó a hacerlo, desde ese día, ha estado en todos mis momentos importantes desde que decidí cambiar de cuidad.



